Un joven de 23 años estaba a punto de subirse a un colectivo en la terminal de Liniers con destino a La Quiaca cuando la Policía Federal notó algo raro y lo pasaron por rayos X. Lo que apareció en la pantalla no era hielo ni sandwich: una conservadora portátil con 175.700 dólares en efectivo, escondidos en fajos entre botellas de gaseosa y agua. La heladerita viajera terminó siendo la peor decisión de su vida.
El acusado quedó imputado por lavado de activos. En el procedimiento también se secuestraron dos celulares y documentación de interés para la causa.
La Fiscalía intervino y la investigación apunta a determinar el origen de los billetes y si hay una estructura detrás del movimiento de ese dinero hacia la frontera con Bolivia.




