A más de 30 años del hallazgo de Kurt Cobain sin vida en su casa de Seattle, un equipo independiente de científicos forenses sacudió la versión oficial: según su revisión de la autopsia, la muerte del líder de Nirvana no fue un suicidio, sino un homicidio.
La investigadora Michelle Wilkins y el forense Brian Burnett analizaron el caso y detectaron inconsistencias clave: Cobain tenía 10 veces la dosis letal de heroína en sangre, líquido en los pulmones y necrosis en hígado y cerebro: signos típicos de una sobredosis, no de una muerte instantánea por arma de fuego.
El kit de heroína apareció ordenado y las agujas tapadas, algo imposible si la víctima estaba muriendo. Para los investigadores, la escena fue armada para que pareciera un suicidio. “No podía sostenerse, menos aún sostener una escopeta de tres kilos, gatillar y además dejar la mano izquierda limpia de sangre”, tiró Wilkins.




