Un galpón de Roca al 2750 escondía un negocio turbio que terminó destapado por el olor que sentían los vecinos: la Muni de Trelew allanó el lugar con ayuda de la Policía y se encontró con una pesquera clandestina funcionando a pleno: langostinos frescos en cajones, una cámara de frío bajo candado y un olor nauseabundo que se filtraba por las paredes.
Los vecinos venían denunciando hace rato toda la movida, incluso remarcando que volcaban residuos a los canales pluviales, contaminando todo el barrio. Dos veces habían ido los inspectores y siempre encontraron el portón cerrado, hasta que consiguieron la orden judicial y entraron.
Hasta ahora, nadie se hizo cargo. El acta de clausura terminó metida en el buzón, esperando que algún valiente se presente en el Tribunal de Faltas.




