De gerco ni hablemos

Un reciente estudio de la General Social Survey (GSS) tiró alto dato: en los 90, más de la mitad de los adultos la ponía (y no en remojo) al menos una vez por semana, pero hoy, solo el 37% mantiene esa frecuencia. La psicóloga Jean Twenge dice que sin dudas es una tendencia generacional: los más pibes no están ni cerca del ritmo de sus viejos.

¿Por qué pasa esto? En la última década bajó al menos un 10% la cantidad de gente que vive en pareja y se duplicó la asexualidad; y se suma a lo que plantea la “Gran Reconfiguración”: con la explosión de los smartphones, la adolescencia se volvió 100% digital. La juntada cara a cara de a poquito se va, y crecieron situaciones como la ansiedad y la depresión.

Según plantean, con menos habilidad para chamuyar, menos oportunidades de conocer gente y más pibes encerrados con el celu, las redes, la pornografía, los videojuegos, influyen a pleno.

En resumen: los pibes salen menos, no levantan en ningún lado y se juntan en pareja cada vez menos. Y así, obvio, el sexo se convirtió de a poco en una rareza.

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