El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) ubica a la Argentina como un país con actividad sísmica permanente debido al proceso de subducción de la placa de Nazca debajo de la placa Sudamericana. Si bien la mayor peligrosidad (Zona 4) se concentra en las provincias de San Juan y Mendoza —escenarios de terremotos históricos como los de San Juan en 1944 y Caucete en 1977—, el riesgo se extiende hacia el oeste y el noroeste argentino, abarcando sectores de La Rioja, Catamarca, Salta, Jujuy y Tucumán.
Pese a encontrarse en una zona de peligrosidad moderada, Tucumán registra antecedentes sísmicos relevantes, entre los que destacan el terremoto de Trancas en 1826 (magnitud estimada de 6,5 e intensidad IX), daños en la Catedral capitalina en 1913 y eventos destructivos en 1931, 1933, 1981 y 1992. Dado que los sismos no se pueden predecir ni existe relación causal entre eventos lejanos en la región, los especialistas sostienen que la única herramienta eficaz para mitigar los daños ante un eventual movimiento superficial en áreas urbanas densas es el cumplimiento estricto de las normas de construcción sismorresistente.




