Frente a la falta de laburo y con la necesidad de bancar a sus dos hijos, Dámaris, una vecina de Cipolletti, tuvo una idea brillante: convertir un dolor de cabeza diario de muchos padres en un emprendimiento.
La joven lanzó un servicio de “despiojamiento” a domicilio y la respuesta en redes fue inmediata, cosechando felicitaciones y clientes al toque por su propuesta tan particular como útil.




